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| En la TV nacional no se habló de otra cosa más que de la visita del Papa |
Pero este fin de semana, que significó la llegada a estas tierras de Benedicto XVI, particularmente a Guanajuato, más que una visita pastoral en pro del refuerzo de una fe, fue el triunfo de un grupo de políticos que pretenden romper con el laicismo y volver a la tan polémica y criticada época colonial.
Nos explicamos: durante varias semanas se ha propuesto en la Cámara de Diputados una serie de reformas al artículo 24 constitucional, el cual se refiere a la libertad de cultos. Sin embargo, al no estar estas reformas suficientemente claras, se les ha dado un carácter de supresoras, y muchos aseguran que son la puerta de entrada para que los sacerdotes comiencen a dar clases en las escuelas públicas.
Y el asunto se torna más torcido al proponer, además, que los sacerdotes, clérigos católicos, obispos y demás autoridades eclesiásticas tengan más participación dentro de las decisiones políticas del país. Esto se traduce a que para las elecciones presidenciales del 2018, casi casi haya un representante de la Iglesia como candidato presidencial, al menos en un partido político (que no podía ser otro más que el Partido Acción Nacional -PAN-).
Esto es una auténtica bofetada a la historia nacional, pues una de las consecuencias más recordadas de las famosas Leyes de Reforma promulgadas por Benito Juárez fue precisamente la separación entre la Iglesia del Estado, relación que nació junto con la época Colonial; así, también esto podría presuponerse como una auténtica venganza por ese triste periodo histórico conocido como "Cristiada", el cual era básicamente una guerra contra todo aquel que profesara amor por Cristo.
Hoy en día, las cosas son tan distintas. La Iglesia está tan aliada con el PAN debido a la compartición de intereses e ideologías y cuando han surgido algunas leyes ajenas a su forma de pensar, han unido sus voces para atacarlas: como por ejemplo, el matrimonio entre personas del mismo sexo, el derecho a abortar de las mujeres, y la eutanasia, entre otros.
Y desde que el PAN tiene el poder en México, sus dos presidentes no perdieron oportunidad de demostrar su catolicismo. En 2002, cuando Juan Pablo II visitó México por última vez, Vicente Fox hasta le besó el anillo. Y en esta ocasión, Felipe Calderón se entrevistó con Benedicto, quedaron en muy buen contentillo, y el presidente hasta se dio el lujo de comulgar. No es que tenga algo de malo demostrar cierta devoción religiosa, pero cuando gobiernas un país y su Constitución establece límites al respecto, y de paso se viola la laicidad, entonces algo delicado está ocurriendo ahí.
Pero lo más canijo lo propuso la televisión. Ya sabíamos de antemano que los canales abiertos y algunos de paga, se iban a desvivir en ofrecer la mejor cobertura de la visita, desde su llegada al aeropuerto de Silao el viernes pasado, hasta su partida hacia Santiago de Cuba. No hay que decir que fue exagerada, pero se olvidaron de dar información inportante en otros rubros para cubir esto en su totalidad.
Y es que ha sucedio que hay eventos que, de buena o mala manera, han significado afectaciones para el apís, y ahí los medios hicieron mutis, como el sismo que ocurrió en 2010 en Mexicali, Baja California. Con una intensidad de 7.2 grados Richter, fue un sismo que dejó afectaciones, pero nadie lo informó, hasta que una entrada en Twitter tuvo que cubrirse de gloria.
Y ahora fue completamente diferente. Durante todo el fin de semana, fue que el Papa se paró en tal lugar, comío con quién sabe quién, que le ponen un sombrero de charro, que bendice a una recién nacida, que los jóvenes le cantan improvisadas porras, que cuando habla ante el público le tienen que poner en ocasiones a un traductor... muchos sí dijimos ¡BASTA!
No es casualidad que el Papa se haya parado por Guanajuato. Informaciones han declarado que el catolicismo en México ha perdido más de 11 millones de personas en 10 años por algunos asuntos relacionados con la ya tan sobada pederastia e impunidad del caso Marcial Maciel y Los Legionarios de Cristo; las excesivas peticiones monetarias de las Iglesias que les han dado mucho poder económico a algunos sacerdotes; sus relaciones con los políticos, tanto de amor como de odio (Norberto Rivera, Sandoval Íniguez, Onésimo Cepeda, entre otros) o simplemente encontraron lo que buscaban en otra religión o de plano decidieron volverse escépticos.
El Papa se plantó en el estado más católico de México, y tuvo tanto éxito, que ya se reveló que 3.4 millones de personas lo fueron a ver, y le gritaron de todo. Si la intención de la Iglesia de recuperar adeptos funcionó, se verá con el paso del tiempo. Ahora, sólo falta ver cómo se interpreta este viaje en los programas tipo "La rosa de Guadalupe" o "A cada quien su Santo". Por lo pronto, funcionó la estrategia de los involucrados, y México se llenó de catolicismo hasta hartarse.
Habrá que ver en qué terminará esto, pero por lo pronto, parece ser que el catolicismo se anotó un punto en su intención de borrar el laicismo en México... ¡En fin!

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