La gente que difiere de los demás en cuanto a diferencias de opinión, color de piel, estrato socioeconómico, religión, preferencias políticas, y sobre todo, PREFERENCIAS SEXUALES, no debería ser sojuzgada, señalada, criticada, y mucho menos discriminada. Pero no se puede hacer nada cuando hay sectores poblacionales que no sólo odian, sino que invierten la mayor parte de su tiempo haciendo notar este odio.
Lo sucedido hace más de 20 días con Daniel Zamudio, un joven ciudadano chileno cuyo único "pecado" fue ser gay, es muestra de todo. El joven fue atacado por un grupo de neonazis y tras varias jornadas de hospitalización, finalmente perdió la batalla y falleció.
El joven fue atacado durante más de seis horas por cuatro sujetos con tendencias neonazis, es decir, con tendencias de realizar una "limpieza étnica" a través de la violencia. El joven fue golpeado, torturado, quemado con cigarrillos en varias partes del cuerpo, le hicieron el símbolo de la suástica en el estómago y tenía las piernas quebradas.
Desafortunadamente, el caso de Daniel se suma al de miles (o debiera decir, millones) de casos de gente que ha sufrido el odio y el rechazo de la comunidad en la que vive, llegando incluso a perder la vida. Apenas se había sabido del asesinato de la activista transexual en pro de los derechos del colectivo LGBTTTI, Agnes Torres, ocurrido en Puebla. Hace unos meses, Christian Iván Sánchez Venancio, activista vinculado al PRD, fue degollado creca de su hogar.
Y esto no solamente sucede en América Latina, una región geográfica que desafortunadamente está atrasadísima en materia de derechos humanos. Acordémonos de Jamey Rodemeyer, un joven de tan sólo 14 años que, ante la grave hostilización a la que era sometido por parte de sus compañeros de escuela, llegó a tal extremo que decidió quitarse la vida...y lo consiguió.
México es un país sumamente homófobo, donde cualquier persona, ya sea pública o desconocida, puede hacer mofa de los homosexuales y a la gente suele parecerle chistoso. Desde el "cualquier voto aunque sea de joto" de Carmen Salinas, pasando a "¿es normal o no es normal?" de Esteban Arce, y eso acordándonos de los más significativos, pero hay más, y más fuertes, por cierto.
Pero también, muchas veces los colectivos LGBTTTI tienen mucho la culpa, pues hasta entre ellos se segregan. Que si los gays no quieren a los travestis, que si los llaman "vestidas", "mujerucos", "Transformers", que si las lesbianas no son bajadas de "lenchas" o "traileras", que si les llaman "jotos", "Locas", "muerdealmohadas", "hidrocanoicos", bueno, también hay que ponerse a trabajar por ahí.
Y para muestra de la sorprendente desorganización del colectivo, reuslta que este año habra 2 (DOS) marchas del Orgullo. La primera será el 2 de junio, y está apoyada por los grupos que respaldan al PRD, y la segunda, el 30 (justo un día antes de la elección presidencial), apoyada por todos aquellas organizaciones que no tienen ninguna vinculación con partido político alguno. Más valdría que se resuelvan las diferencias existentes y se organicen como un solo colectivo, pues sólo así se podrá combatir la homofobia a la que los tienen sometidos tanto gobierno como la sociedad.
Mientras, queda el peso para reflexionar. La muerte de Daniel Zamudio debe ponernos a pensar que nadie debería decidir sobre la vida de nadie sólo por cuestiones personales. No en balde este escrito puesto on line y que tiene mucho de verdad:
Descansen en paz Daniel, Agnes, Jamey y todos aquellos que murieron sólo por atreverse a ser como son.


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