viernes, 30 de marzo de 2012

Gane quien gane... todos perdemos

Hoy iniciaron las campañas para ver quién se convierte en el próximo presidente de este país. Y al menos yo tengo sentimientos muy encontrados, pues en los pocos periodos de transición que me ha tocado vivir, nunca había visto una lucha tan dispareja entre los cuatro postulantes. Como en todos, hay uno que está dominando las encuestas, pero los veo tan faltos de todo y tan llenos de nada, que ya no sé si emitir mi voto o no.

¿Por qué? Así como están las cosas en esta nación, ya no se espera a alguien con vocación de servicio que tenga la intención de componer el rumbo, pues evidentemente estamos en camino al vacío sin escalas y sin regreso. Más bien, parece que el único motivo para postularse es el obtener un puesto por el que obtendrá un sueldo vitalicio, pues cuando acaben sus funciones, recibirán unos cuantos miles de pesos al año que les permitirán vivir cómodamente hasta el fin de sus vidas.
Cuatro candidatos presidenciales, ninguna propuesta de salvación para este país.

Los candidatos hablan por sí mismos:

Primeramente, creo que Enrique Peña Nieto, el favorito de muchos, nos ha demostrado desde finales de año su incapacidad para conocer lo más elemental. En la Feria Internacional del Libro no se aventó un yerro como cambiarle el nombre a un escritor (como el célebre "José Luis Borgues" de Vicente Fox), pero eso de no poder contestar con claridad sus tres libros que lo han marcado, no saber el precio del kilo de tortillas (y justificarse con la tota frase de "no soy la señora de la casa") y no conocer a cuánto asciende el salario mínimo, sí es como para encender los focos rojos. No pretendemos meternos en detalles personales, pero a decir verdad, si va a dejar al país como dejó al Estado de México, mejor que se abstenga.

Para mí, Josefina Vázquez Mota representa la típica mujer con pensamientos masculinos. Es un reto competir por un puesto presidencial en un país machista, homófobo, y donde la mujer aún no es reconocida en todos los aspectos sociales, pero si a esto le agregamos que durante el sexenio de Felipe Calderón, esta mujer anduvo volando por varias secretarías sin dejar resultados concretos en ninguna de ellas, y además, su popularidad entre los panistas no fue vista por el propio mandatario, también la tiene difícil. Obviamente, tampoco tiene las facultades para obtener un cargo de esta magnitud.

Y de Andrés Manuel López Obrador, podría hablar y mucho. Desde 2006 le tengo una animadversión especial a este hombre, pues al hacer el berrinche de su vida, sólo por haber perdido las elecciones, me quedó claro que se trata de un enfermo crónico de poder, que sólo se aprovecha de la bandera de los pobres y necesitados para esconder sus verdaderas intenciones. Lo complicado no es dejar que llegue, lo difícil va a ser sacarlo si llega (vean a Hugo Chávez en Venezuela) y cómo va a causar destrozos poniendo a los pobres como pretexto. Para mí, éste es el peor de todos... lo siento, y más por sus temibles colaboradores: Dolores Padierna, René Bejarano, Gerardo Fernández Noroña, Manuel Bartlett...

Gabriel Quadri es totalmente una incógnita, pues esta candidatura fue totalmente improvisada, al terminar la alianza que Nueva Alianza tenía con el PRI y esto fue cocinado al vapor para que Elba Esther Gordillo no se quedara fuera de la jugada. Quadri no tiene experiencia como político, más bien, es un destacado activista social, ecologista e investigador que está a punto de ser comido por un ambiente tan corrupto y lleno de lodo como el político. Habrá que esperar a ver con qué sorpresitas nos sale... pero tampoco es garantía, dada la reputación de su patrona.

Ninguno de ellos tiene clarificadas sus propuestas. Las irán presentando conforme el paso del tiempo. Más bien, lo único que provocarán es una impactante contaminación del paisaje urbano y su sobrexposición en los medios de comunicación hasta que uno diga basta. Y las que hagan, seguramente no las llevarán a cabo. Acordémonos de Calderón, que enarboló su campaña como "el presidente del empleo", mismo que no sólo no llegó, sino que acabó con las esperanzas de que los profesionistas vivan de sus carreras y que los comerciantes amublantes y demás subempleados crecieran desmedidamente.

Asimismo, prometió respeto a las ideologías y libertades, mientras ha impedido que gays y lesbianas conquisten derechos en ciertas entidades, ha impuesto sus ideas religiosas y de hecho, su más reciente gracia es el asesinato no oficial de la laicidad. Y bueno, si hablamos de la inseguridad y su estrategia fallida, que lo único que ha dejado son muertos a diestra y siniestra, lo que obtenemos como suma es uno de los periodos presidenciales más tristes en la historia de nuestro país.

Pero también nosotros como ciudadanos tenemos muchas culpas. En vez de protestar, celebramos; en vez de manifestar opiniones, nos ponemos a emborracharnos. Ya quedó claro entonces: 201 años como nación independiente (si se toma en cuenta desde 1810) no han servido de nada. Y luego dejamos que políticos que no tienen claro lo que quieren manifiesten sus deseos que tomar las riendas de este país.

En fin, bienvenidos a otro episodio de la serie sexenal "GANE QUIEN GANE... TODOS PERDEMOS", hasta nosotros que no estamos bien conformados como sociedad. El 1 de junio sabremos qué tal nos va a ir como estado fallido.

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